Dos generaciones, una misma vocación: las agentes comunitarias de salud de SES

Inela Espinoza y Alicia Domínguez encarnan décadas de servicio comunitario en salud desde sus barrios de Lima.

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Mié, Jun 3 2026

En el Día del Agente Comunitario de Salud, dos mujeres de distintas épocas comparten un mismo impulso: salir a la calle para velar por quienes viven a su alrededor. Inela Espinoza lleva más de cuatro décadas recorriendo Carabayllo; Alicia Domínguez lleva menos de diez años, pero ya siente que no podría dejar de hacerlo. 

Sus historias nacen en contextos diferentes: una en los años setenta, entre postas sin infraestructura y campañas de vacunación con apoyo del ejército; la otra antes del inicio de la pandemia, aprendiendo sobre la marcha el valor del acompañamiento. Pero ambas llegaron a la misma convicción de que servir a la comunidad no es un trabajo, sino una forma de vida. 

Inela y Alicia forman parte de Socios En Salud (SES). A propósito del Día del Agente Comunitario de Salud, sus testimonios iluminan lo que esta labor significa: esfuerzo sostenido, empatía genuina y una presencia que el sistema, muchas veces, no alcanza a cubrir. 

Más allá del uniforme y los proyectos en los que participan, a ambas agentes comunitarias de salud las une una crianza que les enseñó que el prójimo importa, y una decisión —renovada cada día— de actuar en consecuencia.

Inela Espinoza, agente comunitaria de Ally Wambra 2.0

La agente comunitaria Inela Espinoza forma parte de Ally Wambra 2.0, donde pone a prueba sus más de 20 años de experiencia en tratar a madres y niños.

Foto por Diego Díaz / SES

De anotadora escolar a coordinadora distrital: los inicios de Inela 

Inela Espinoza tenía 18 años cuando comenzó a apoyar en las campañas de vacunación del colegio Raúl Porras Barrenechea en Carabayllo. No buscaba un cargo; simplemente estaba ahí, cerca de la posta, y el personal de salud la conocía. Así empezó todo: como anotadora en jornadas donde había que convencer a familias migrantes de que la vacuna no enfermaba a sus hijos. 

Ese trabajo temprano la marcó. Estudió enfermería técnica en una academia de su distrito, hizo prácticas en el Hospital de Collique (hoy Hospital Nacional Sergio E. Bernales) y estaba a punto de titularse cuando falleció su padre. Como hija mayor de siete hermanos, tuvo que asumir la responsabilidad del hogar. Sin embargo, la vocación no se detuvo. Siguió apoyando en consultorios médicos gratuitos que la parroquia local organizaba con médicos voluntarios. 

En los años ochenta ingresó al programa social del Vaso de Leche, en Carabayllo, donde pronto asumió la coordinación de salud de su comité. Con el tiempo llegó a dirigir a ochocientas delegadas de salud en todo el distrito.  

“Implementábamos tareas de uros comunales (espacio implementado dentro de una comunidad para tratar a personas que sufren de deshidratación severa). Lo hicimos a lo largo del distrito y tuvimos como 430 uros comunales, donde se les daba las sales de hidratación a todos los niños que tenían diarrea”, recuerda. 

El viaje a Panamá y los pacientes que nadie más atendía 

En 1996, mediante una red de contactos entre la parroquia y otras organizaciones, Inela tuvo contacto con Socios En Salud (SES), fundado aquel mismo año por los doctores Paul Farmer, Jim Yong Kim, Jaime Bayona y la defensora Ophelia Dahl. SES le ofreció a Inela algo inesperado: una beca para un curso de liderazgo en Panamá. El viaje duraría tres meses y medio. Entonces ya tenía hijos pequeños, era presidenta del Vaso de Leche y no contaba con experiencia en viajes internacionales. Aun así, decidió ir. 

El curso reunió a participantes de 46 países y la expuso a realidades que desconocía. Cuando regresó, descubrió que SES ya había empezado a trabajar en Carabayllo con personas afectadas por la tuberculosis multidrogorresistente (TB-MDR), la forma más grave de la enfermedad. 

La convocaron para administrar medicamentos a domicilio. Lo que vio la impactó: “Íbamos puerta por puerta y encontrábamos a pacientes que tomaban agua como desayuno. Se tomaban 11 pastillas, hay veces 18, simplemente con agua en el estómago. Socios En Salud no solo entregaba medicamentos; mejoraba las viviendas, daba alimentos, acompañaba”.  

Inela reconoció en ese modelo algo que ella misma había practicado desde siempre: la atención integral como única forma de que el tratamiento funcionara. 

Agente Comunitaria de Salud_Alicia Domínguez

La agente comunitaria de salud Alicia Domínguez brinda acompañamiento en el programa Salud Materno Infantil y Adolescente de Socios En Salud.

Foto de Diego Diaz / SES

Alicia y la generación que aprendió en pandemia 

Alicia Domínguez comenzó su camino como agente comunitaria de salud en 2017, en Ventanilla, el distrito donde reside. La invitaron porque conocía a sus vecinos, sabía qué les faltaba y tenía tiempo. Lo primero que aprendió fue a preparar hamburguesitas de sangrecita para combatir la anemia infantil. Tenía un bebé pequeño en ese momento, y eso le dio un empuje adicional. 

Cuando llegó la pandemia, le ofrecieron apoyar en atención COVID. No aceptó por el riesgo que implicaba para su familia. Pero en 2023, una compañera del centro de salud 3 de Febrero de Ventanilla la invitó a sumarse a una campaña de vacunación, sin pago, solo como apoyo a la comunidad. Desde entonces no ha parado. Ese mismo año, SES la incorporó al proyecto Ally Wambra, del programa Salud Materno Infantil y Adolescente, enfocado en el desarrollo infantil temprano y la prevención de la anemia. 

Lo que más valora de trabajar con SES, afirma, es que nadie la juzga ni la descarta si un día no puede asistir: “Te enseñan a valorarte más como persona, como agente. No te juzgan, si te enfermaste o si no puedes de repente tal día salir, te comprenden. Eso es lo que me fortalece más”.  

Para Alicia, esa contención emocional es tan importante como la capacitación técnica. 

La vocación como punto de encuentro

A pesar de la diferencia generacional —Inela tiene décadas de experiencia y un recorrido que atraviesa epidemias, programas de gobierno y reformas del sistema de salud; Alicia está construyendo el suyo—, ambas coinciden en lo esencial cuando se les pregunta qué se necesita para ser agente comunitaria de salud. La respuesta es la misma: vocación. 

Para Inela, esa vocación tiene un origen claro: su madre. “Hemos pasado muchas necesidades, pero mi mamá nunca negaba un favor. Venía la vecina: ‘¿No tendrá un palito de fósforo?’. Y nosotros necesitábamos, pero mi mamá lo daba”. Esa imagen define cómo entiende su propio trabajo: no como un servicio prestado, sino como una forma de ser en el mundo. 

Alicia lo expresa con una imagen diferente pero igualmente precisa: “Es como comer todos los días; tienes hambre y así, como que te hace falta algo si no estás en el proyecto o no estás como agente comunitaria”. Y cuando habla de sus compañeras, la voz se le llena de emoción: “Somos mujeres luchadoras, guerreras, que damos todo de nosotros. A pesar de todos los obstáculos o problemas que tengamos en nuestra vida, seguimos ahí”. 

El Día del Agente Comunitario de Salud existe, en parte, para recordar que entre la política sanitaria y la familia que no lleva a su niño al control de crecimiento, hay una persona que camina y toca puertas para sensibilizar y acompañar, teniendo como único contrato su vocación de servicio.