Recibir un diagnóstico de tuberculosis (TB) o VIH cambia mucho más que un historial clínico. También puede traer miedo, ansiedad, estigma y nuevas dificultades para continuar con la vida cotidiana. En ese contexto, sostener un tratamiento durante meses —o toda la vida, en el caso del VIH— implica enfrentar desafíos que van más allá de tomar un medicamento.
Hoy, la evidencia científica respalda una idea cada vez más presente en la salud pública: el tratamiento funciona mejor cuando las personas reciben un acompañamiento que también atiende su bienestar emocional y las barreras sociales que enfrentan.
Ese enfoque forma parte del trabajo que Socios En Salud (SES) desarrolla de manera articulada entre sus programas de Tuberculosis (TB), VIH e ITS y Salud Mental (SAME), integrando atención médica, salud mental y seguimiento comunitario para fortalecer el derecho a la salud de las personas afectadas por ambas enfermedades.
“Las personas han logrado comprender mejor su condición de salud, mejorar emocionalmente y desarrollar estrategias de afrontamiento que favorecen su bienestar”, afirma Carmen Contreras, jefa del programa de Salud Mental (SAME) de SES.
Acompañar desde el diagnóstico
El impacto del diagnóstico trasciende la consulta médica. Para muchas personas aparecen temores relacionados con el rechazo, la incertidumbre sobre el futuro o las dificultades económicas que pueden afectar la continuidad del cuidado.
“El acompañamiento psicosocial se integra desde el momento del diagnóstico como parte del cuidado integral de la persona”, explica Contreras. “Busca brindarle un espacio de confianza y seguridad en un momento que puede estar acompañado de miedo, preocupación e incertidumbre”.
Ese primer contacto también permite identificar situaciones que pueden influir en el tratamiento, como el aislamiento social, la violencia, el estigma o el consumo problemático de sustancias, para ofrecer respuestas acordes con las necesidades de cada persona.
María Arriaga, jefa del programa de Tuberculosis de SES, coincide en que el apoyo emocional y comunitario resulta determinante para sostener el proceso terapéutico.
“No se trata solamente de recordar a la persona que debe tomar sus medicamentos, sino de comprender qué está dificultando el tratamiento y buscar, junto con ella, alternativas que sean posibles y sostenibles”.
¿Cómo funciona el acompañamiento psicosocial?
El acompañamiento se construye a partir de una intervención coordinada entre agentes comunitarios de salud (ACS), psicólogos y otros profesionales. Cada uno cumple un rol distinto, pero complementario.
Los ACS, al formar parte de las comunidades donde trabajan, mantienen un contacto cercano con las personas durante todo el proceso de atención. Escuchan, orientan, identifican necesidades y detectan señales de alerta que requieren una intervención especializada.
Ese trabajo se articula con los psicólogos, quienes brindan atención clínica, supervisan a los agentes comunitarios y fortalecen sus capacidades para identificar oportunamente situaciones de mayor complejidad.
Cuando aparecen otras necesidades específicas, intervienen distintos profesionales para construir una respuesta integral que combine atención médica, salud mental y apoyo comunitario.
El estigma sigue siendo una de las principales barreras
Entre las necesidades que aparecen con mayor frecuencia durante el acompañamiento están el miedo, la ansiedad, la depresión, la soledad y la incertidumbre. Sin embargo, uno de los factores que más condiciona el bienestar emocional es el estigma asociado a la tuberculosis y al VIH.
“El estigma genera sentimientos de vergüenza, miedo al rechazo, temor al qué dirán, disminución de la autoestima y aislamiento social”, explica Contreras. En algunos casos, incluso dificulta que las personas busquen ayuda o continúen su tratamiento.
Frente a ello, SES apuesta por un acompañamiento centrado en la escucha, la empatía y la confidencialidad. Las visitas domiciliarias, la orientación durante el tratamiento y los Grupos de Apoyo Mutuo crean espacios donde las personas pueden expresar sus preocupaciones sin sentirse juzgadas, reduciendo la sensación de soledad que suele acompañar al diagnóstico.
Los resultados del acompañamiento
Este modelo de trabajo también se refleja en resultados concretos. Durante 2025, Socios En Salud brindó 384 atenciones psicológicas a 301 personas viviendo con VIH, ofreciendo espacios de escucha y soporte para afrontar el impacto emocional del diagnóstico y del tratamiento.
A través del Proyecto País TB-VIH, financiado por el Fondo Mundial, 71 personas recibieron seguimiento cercano de agentes comunitarios de salud y 1,588 accedieron a consejería y orientación. Como resultado, 1,176 personas retomaron su tratamiento tras haber interrumpido su atención, 181 fortalecieron su adherencia y 226 iniciaron por primera vez tratamiento o controles dentro del sistema de salud.
En el programa específico de tuberculosis, SES acompañó directamente a 51 personas diagnosticadas con TB. Gracias al seguimiento comunitario y la articulación con los servicios públicos, 56 personas fortalecieron su adherencia al tratamiento, 58 recibieron atención dentro del sistema de salud, 14 iniciaron terapia o controles sin demoras y siete fueron derivadas oportunamente a servicios especializados.
Una red que sostiene el tratamiento
Más allá de las cifras, el objetivo del acompañamiento es fortalecer la relación de las personas con el sistema de salud y con sus propias capacidades para atravesar el proceso de enfermedad.
Para Carmen Contreras, el valor de este enfoque está precisamente en mirar a la persona más allá del diagnóstico.
“El acompañamiento psicosocial es esencial porque permite atender las necesidades de las personas más allá de la enfermedad, fortaleciendo sus capacidades, recursos y redes de apoyo para afrontar el diagnóstico, sostener el tratamiento y lograr una mejor calidad de vida”.
María Arriaga resume el propósito del trabajo diario con una idea que atraviesa ambos programas: cuando una persona se siente escuchada, comprendida y acompañada, aumenta su confianza para afrontar el tratamiento y mantenerse vinculada a los servicios de salud. Más que sumar servicios, el acompañamiento psicosocial ayuda a que cada persona pueda atravesar el proceso con mayor confianza, dignidad y apoyo.