Hablar de salud mental también significa hablar de las madres. Durante el embarazo y el posparto pueden aparecer problemas familiares, dificultades económicas, soledad, miedo o incertidumbre. Cuando estas situaciones afectan el bienestar emocional, pedir ayuda puede convertirse en una parte esencial del cuidado.
Martha Ordaz lo recuerda desde uno de los momentos más difíciles de su vida. Estaba embarazada de seis meses, había dejado de trabajar y el padre de su segunda hija había desaparecido. “Me encontraba súper deprimida, pasando un momento muy complicado”, cuenta.
Grimanesa Linares esperaba a un bebé deseado cuando los problemas en su hogar comenzaron a afectar su manera de pensar y de vivir. “Me deprimía por los problemas. Había momentos en los que decía: ‘No puedo vivir así, es demasiado’”, recuerda.
Fue en este periodo de sus vidas que ambas recibieron acompañamiento a través de Pensamiento Saludable, una iniciativa del programa de Salud Mental de Socios En Salud (SES). El acompañamiento incluyó visitas domiciliarias, llamadas y mensajes, además de herramientas para reconocer y afrontar los pensamientos que afectaban su bienestar. Detrás de cada sesión había una idea sencilla: ayudarlas a recuperar, poco a poco, la confianza para enfrentar lo que estaban viviendo.
En el Día Mundial de la Salud Mental, sus historias permiten acercarse a lo que significa atravesar un embarazo en medio de la vulnerabilidad: dos mujeres que encontraron personas dispuestas a escucharlas. No hablan de una vida sin problemas, sino de lo que ocurre cuando, en medio de ellos, una persona deja de sentirse sola.
Grimanesa Linares sostiene a su hijo Jeremy tras culminar las sesiones de Pensamiento Saludable, iniciativa del programa de Salud Mental de Socios En Salud.
Foto de Diego Díaz / SES
Tomar conciencia de la crisis
Ordaz llegó a Lima a los 15 años, después de pasar parte de su adolescencia en Santa, provincia de la región Áncash. Venía a visitar a su hermano durante las vacaciones y decidió quedarse. “Me gustó Lima y dije: me quedo en Lima”, recuerda.
Años después, durante su segundo embarazo, su pareja desapareció. Ordaz sintió que había fracasado y que había decepcionado a su familia. “Sentía que le fallé a toda mi familia por el qué dirán”, cuenta. A eso se sumaron los gastos y la pérdida de sus ingresos. Trabajaba en una fábrica de alimentos y tuvo que dejar el empleo después de una complicación durante el embarazo.
Cuando recibió un mensaje de Socios En Salud, desconfiaba. No quería recibir a nadie. “Pensé: ‘De repente son secuestradores’”, recuerda. Consultó con su obstetra antes de responder y la profesional le confirmó que el equipo de SES trabajaba con el establecimiento de salud.
Linares también había intentado afrontar sola lo que estaba viviendo. “Antes no aceptaba ayuda; decía: ‘Yo puedo sola, no voy a contar a nadie mis problemas’”, explica. Hasta que entendió que necesitaba atención psicológica y se lo comunicó a su obstetra en el centro de salud Juan Pablo II, ubicado en el distrito de Carabayllo.
Según un estudio publicado por SES en Cambridge Prisms: Global Mental Health, entre 24 % y 40 % de las gestantes en el Perú presenta depresión perinatal, pero solo alrededor del 10 % llega a un servicio de salud. La investigación advierte que, sin atención, la depresión puede persistir después del parto y afectar también la salud del recién nacido.
Ordaz y Linares llegaron al acompañamiento por caminos diferentes. Una lo hizo desde la desconfianza; la otra, después de pedir atención psicológica. En ambas historias, el primer paso fue reconocer que no tenían que atravesar aquel momento solas.
Martha Ordaz y su hija Yaelis en compañía de la agente comunitaria de salud Geraldine Ramirez.
Foto de Diego Díaz / SES
Aprender a hablar de lo que estaba pasando
Para Ordaz, la confianza llegó de forma paulatina, con las visitas de la agente comunitaria de salud y los mensajes de seguimiento. “Encontré en ellas a un aliado que me ayude, porque no me juzgaban”, dice.
Durante las sesiones comenzó a identificar los pensamientos que aparecían en los momentos de mayor dificultad y a buscar otras formas de afrontarlos. El material de Pensamiento Saludable continuaba ese trabajo en casa.
“Iba leyendo que no todo es malo y que siempre hay una salida”, recuerda.
Thinking Healthy (traducido al español como Pensamiento Saludable) es una intervención de la Organización Mundial de la Salud (OMS) que utiliza técnicas cognitivo-conductuales de baja intensidad. En SES, agentes comunitarias de salud capacitadas y supervisadas por psicólogas trabajan con las gestantes mediante escucha activa, tareas y ejercicios para identificar pensamientos que afectan su bienestar.
Con Linares, el proceso también fue gradual. En un cuaderno registraba su avance mediante una escala de valores. “Yo decía: ‘Estoy aquí en dos escaleras’. Y cada vez que iban avanzando las sesiones subía a tres, cuatro”, cuenta.
Aprendió ejercicios de respiración para afrontar la ansiedad y una herramienta que todavía recuerda: “Identificar y luego cambiarlo”. Las visitas presenciales se complementaban con mensajes, audios y llamadas. “Hoy no estamos, pero tú tienes mi número, a cualquier hora llámame”, recuerda que le decía el equipo de SES.
La agente comunitaria de salud Geraldine Ramírez junto a Grimanesa Linares y su pequeño hijo Jeremy.
Foto de Diego Díaz / SES
Las condiciones de vida
La crisis emocional de Ordaz coincidió con la pérdida de sus ingresos y la llegada de su bebé. “No había ingresos y los gastos continuaban”, recuerda. Por eso, recibió apoyo de SES para adquirir víveres y, después del nacimiento, el equipo tomó conocimiento de su pasión por la crianza de gallinas. De allí surgió la idea de acondicionar un corral en su casa para que ella pudiera generar ingresos sin alejarse de su hija.
«Me ayudó a generar ingresos», cuenta.
Linares también recibió apoyo material durante el embarazo: una tarjeta de S/ 200 para adquirir víveres y, posteriormente, una canasta de alimentos. Después del nacimiento de su bebé, continuó el seguimiento de la salud de ambos.
«El acompañamiento va conmigo y con mi bebé», explica.
En las historias de ambas mujeres, las dificultades emocionales convivían con preocupaciones económicas y responsabilidades de cuidado. Escucharlas significaba también entender aquello que ocurría alrededor de ellas.
Recuperar la confianza
Ordaz habla de la mujer que era durante el embarazo como si estuviera recordando a alguien distante. «Ahora hasta me da risa porque digo: soy una persona valiente, fuerte, tengo dos hijas por quienes luchar y seguir adelante», cuenta.
No es que los problemas hayan desaparecido, pero aprendió a mirarlos de otra manera. «No todo es malo, es un aprendizaje más y tengo que continuar por mis dos hijas», afirma.
Linares también habla de un cambio en la relación consigo misma. «Antes priorizaba a otras personas antes que a mí, y ahora aprendí a valorarme yo primero», dice. Frente a su cama conserva el afiche de Pensamiento Saludable. «Es lo primero que veo al levantarme».
Cuando recuerda el nacimiento de su bebé, resume el cambio con una frase sencilla: «El posparto no me chocó, porque ya no estaba sola».
Los resultados del estudio de SES ofrecen un contexto para estas historias. Entre las mujeres que completaron el programa presencial, el puntaje típico de depresión medido mediante el PHQ-9 bajó de 8 a 2. A la fecha, Pensamiento Saludable ya se está incorporando al Programa de Salud Mental Materna que lidera el Ministerio de Salud.