Frente al cáncer, no estuvo sola: la historia de María Romero

La detección temprana y el acompañamiento oportuno permitieron que María Romero supere el cáncer de mama en Lima Norte.

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Mié, Feb 4 2026

“He llorado de emoción. El doctor me dijo: ‘Señora, no hay cáncer en su cuerpo, pero va a seguir viniendo al hospital’. Yo no entendí bien. Después, alguien de Socios En Salud (SES) me explicó mejor. Me dijo que la había librado, que estaba en remisión, pero que seguiría yendo a controles”. 

María Soledad Romero repite la frase con cuidado, como si todavía necesitara comprobar que es cierta. Tiene 53 años y vive en la avenida Túpac Amaru, en Comas, un distrito al norte de Lima al que llegó con apenas dos meses de nacida, cuando su madre dejó el Rímac y se instaló en un terreno recién ocupado. Desde entonces, no se ha movido de ahí. 

En el mismo distrito queda el Centro Materno Infantil Santa Luzmila II. En 2022, el proyecto ALMA, diseñado por el programa de Enfermedades No Transmisibles (ENT) y Cáncer de SES, y la DIRIS Lima Norte, ofreció en ese establecimiento —y en otros dos de Lima Norte— descartes gratuitos de cáncer de mama a más de 1,800 mujeres que nunca habían accedido a un tamizaje. Romero fue una de ellas. 

El resultado confirmó la presencia de cáncer de mama. Ella recuerda ese momento como una interrupción: la vida seguía ocurriendo y, de pronto, algo se quebró.  

“Por mi cabeza pasaron un montón de cosas”, dice. “Tengo un hijo, tres nietos. En ese momento pensé en ellos. Más que en mí, pensé en ellos”. 

Fue derivada al Instituto Nacional de Enfermedades Neoplásicas (INEN). Mientras el sistema empezaba a activarse —citas, trámites, fechas que aún no entendía del todo—, Romero trataba de asimilar una noticia que no venía acompañada de instrucciones claras sobre cómo atravesarla. 

Con el tiempo, su recorrido adquiriría un significado que iba más allá de su propia historia. “María es la primera persona que logra remisión dentro de esta intervención”, explica Santiago Palomino, jefe del programa ENT y Cáncer de SES. “El proyecto, en algún momento, tuvo que cambiar de dirección (no solo ofrecer el descarte) y hoy realiza seguimiento a mujeres ya diagnosticadas con cáncer de mama”. 

Para Romero, sin embargo, en ese momento nada de eso era visible. El proceso recién comenzaba. Y aunque no lo sabía todavía, a partir de ese punto no estaría sola. 

María Romero_cáncer de mama

María Soledad Romero consiguió superar el cáncer de mama luego de ser diagnosticada con esta enfermedad en octubre de 2022.

Foto de Diego Diaz / SES

El primer acompañamiento 

María Rosas, agente comunitaria de salud del programa ENT y Cáncer, recuerda a Romero no por una fecha, sino por un trayecto. La primera vez que salieron rumbo al INEN para asegurar una cita ocurrió en la madrugada. A las cuatro de la mañana, el carro enviado por SES pasó a recogerla por su casa, en Comas. 

“Teníamos que estar en el INEN a las seis de la mañana para alcanzar un cupo y así ella pudiera ingresar y pasar su cita por el consultorio”, dice. 

Para Rosas, el acompañamiento comienza mucho antes del tratamiento. Empieza en el intento de reducir el desconcierto. Conversar, en ese contexto, significa explicar lo concreto: dónde sentarse, qué documentos entregar, a quién observar.  

“Yo les digo: ustedes miren dónde me muevo”, cuenta. “Yo voy a dejar los papeles (en el INEN), a hacer el trámite. Poco a poco van entendiendo cómo funciona todo”. 

Rosas sabe que el primer contacto suele ser difícil. Las mujeres llegan con el peso reciente del diagnóstico, a veces sin palabras. “No siempre sabes qué decir”, admite. “Están deprimidas por los resultados”. En esos momentos, el trabajo consiste en estar disponible: dar el número de teléfono, repetir indicaciones, volver a llamar. 

Ese trabajo cotidiano —hecho de traslados, llamadas y explicaciones reiteradas— no es excepcional. Solo el último año, SES tamizó a 496 mujeres para descarte de cáncer de mama en Lima Norte. De ellas, 372 recibieron cuidado y acompañamiento continuo a lo largo de su proceso diagnóstico y terapéutico. Romero fue una de esas historias seguidas paso a paso. 

María Rosas y María Romero_cáncer de mama

La agente comunitaria de salud María Rosas, quien forma parte del programa ENT y Cáncer de SES, brindó acompañamiento a María Romero a lo largo de su enfermedad.

Foto de Diego Diaz / SES

Cáncer de mama: detectar a tiempo, acompañar mejor 

En el Perú, el cáncer de mama es la neoplasia más frecuente entre mujeres. Cada año se diagnostican más de 7,000 nuevos casos y alrededor de 2,000 mujeres mueren por esta enfermedad. Sin embargo, el Ministerio de Salud (MINSA) señala que, cuando se detecta de manera temprana, la probabilidad de curación puede llegar al 90%. 

Romero había visto morir a amigas por distintos tipos de cáncer, casi siempre después de llegar tarde a una detección. Al recibir su diagnóstico, esas imágenes regresaron con fuerza: cuerpos debilitados, la caída del cabello, un dolor que parecía no tener descanso. Durante varios días, el futuro se le presentó como una sucesión de escenas que no quería protagonizar. 

Pero tras ese primer golpe, empezó a ordenar lo inmediato. “Tienes que salir de esta, me dije”, afirma. Fue entonces cuando entendió que no iba a poder atravesar el proceso sola. Estaban su familia, su pareja y también un acompañamiento que no se limitaba al tratamiento médico. Ese es uno de los ejes de la intervención de SES.  

A la fecha, estamos brindando apoyo en la navegación clínica de 20 mujeres con cáncer de mama”, explica Diana Huamán, coordinadora del proyecto ALMA. “El apoyo consiste en ofrecer terapias psicológicas y protección social para aliviar la enorme carga que supone enfrentar esta enfermedad”. 

La quimioterapia no fue como Romero la había imaginado. Salvo la última que la llevó a emergencia por un dolor intenso en las articulaciones, pudo seguir trabajando como costurera. Recibía la quimio, descansaba dos días y volvía a su rutina. Si bien no era el final del proceso, este ya no se parecía al comienzo.

María Rosas y María Romero_cáncer de mama

En el último año, alrededor de 120 visitas realizaron las agentes comunitarias de salud de SES a mujeres con cáncer de mama.

Foto de Diego Diaz / SES

La diferencia de estar 

Si algo distingue el recuerdo que María Soledad Romero guarda de su tratamiento no es una fecha ni un procedimiento, sino una presencia. Las llamadas. Los mensajes. Las visitas que no necesitaban una excusa. “Sentía que no estaba sola”, dice. “Sentía que tenía más familia de la que ya tenía”. 

Esa forma de estar se repite en otras historias. En 2025, las agentes comunitarias de SES realizaron 118 visitas a mujeres con cáncer de mama. No todas dejaron una marca visible, pero muchas evitaron un abandono. Ese mismo año, 22 mujeres diagnosticadas lograron sostener su tratamiento. 

Romero es testigo del peso que tiene no atravesar el proceso en aislamiento. “Lo vi mucho más fácil”, afirma. No porque el tratamiento fuera leve, sino porque no lo caminó sola. Por eso, cuando se le pregunta qué fue tan importante como la quimioterapia o las citas médicas, habla del apoyo. De las personas que estuvieron ahí. 

Para ella, estar acompañada transforma el trayecto. No lo vuelve fácil. Pero lo vuelve posible.